Los cruceristas no son turistas 2


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Como una segunda entrega sobre tan polémico tema de si los cruceristas son o no son turistas, les presentamos una segunda entrega para seguir observando cuales son los argumentos por los cuales el turismo comercial y su ente regulador no considera figura turística a los cruceristas. Seguidamente parte de los argumentos:

 

No obstante, el visitante y sus búsquedas pueden ser revisados desde otra óptica, la del post turismo como nuevo paradigma que analiza la realidad actual de las relaciones turísticas, en donde las características tradicionales del modelo industrial ya no son vigentes y por tanto no pueden ser explicadas a través de sus componentes de desplazamiento, objetivos y tiempos.

 

Los cruceros pueden ser estudiados como parte de esta nueva realidad en donde el espacio, que es factor fundamental en el turismo es visto de manera diferente, puesto que el motivo principal no es desplazarse hacia un destino, sino sólo desplazarse, por lo que no estar en un lugar más que por momentos y sin estarlo en interés y atención, en este sentido, se requiere examinar el fenómeno bajo una perspectiva diferente al que estudia el turismo masivo.

 

En tal sentido el visitante de cruceros, en general, no está preocupado por la autenticidad en la experiencia ni por el conocimiento o el respeto hacia la comunidad local, esto está relacionado con el impacto social de la visita de cruceros, que es masiva, en horas definidas del día, afectando las actividades de la dinámica de la sociedad, apropiándose de los espacios, generando una sensación de invasión y propiciando el histrionismo de los habitantes, de acuerdo con los estereotipos, para promover el consumo.

 

A partir de la perspectiva cultural, los cruceros representan para el crucerista una forma de utopía donde todas las necesidades están satisfechas, dentro de una estructura y organización bien establecida que le dan seguridad; éste es un consumidor hedonista que en el crucero y en su imaginario tiene el placer a su alcance.

 

Se considera una forma de consumo en donde el ego puede permitirse satisfacciones sin temer contravenir los límites, como un superego, lo que en psicología sería una regresión, donde encuentran que los cruceristas se sienten seguros y confortables conviviendo principalmente entre ellos mismos y los cruceros son cada vez más un espacio de contención, como una burbuja.

 

Se le considera un ambiente de edén, donde hay comida abundante y placeres por la que ya pagó, lo que le permite sentirse seguro, pero que también limita o evita su interés y el consumo en los destinos de escala, esa actitud de quienes viajan en cruceros es parte de lo que explica su comportamiento en los puertos intermedios: superficial y con un interés mínimo en el sitio, lo que tiene una repercusión, un impacto social.

 

Siendo esa forma de comportamiento examinada bajo la perspectiva del modelo masivo en el que el visitante juega el rol de realeza o hedonista, siendo servido y atendido y con una necesidad simple de souvenirs y fotografías para hacerlo constar, mientras que el tipo de viaje en crucero implica un interés superficial respecto de los puertos de escala, esa rápida visita conlleva una tendencia a homogenizar no solamente la oferta de productos en venta en todos los destinos.

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